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Corría noviembre de 1984 cuando la revista norteamericana Art & Antiques pidió un largo reportaje al pintor Andrew Wyeth, que en ese momento contaba con un gran prestigio y había sido, en 1970, el primer pintor al que se le permitió realizar en la Casa Blanca una exposición individual.

En la solicitud de la entrevista la revista dejó en claro las condiciones de calidad y exigencia de la nota, a la que Wyeth accedió recién 1985, en un momento del reportaje, de forma casual y casi sin darle importancia, el pintor comenta que a su amplia obra conocida habría que agregarle unos 240 cuadros hasta ese momento desconocidos y secretos, obras pintadas entre 1971 y 1985 que tenían como modelo a una cocinera y ama de llaves de uno de sus cuñados, una mujer llamada Helga.

Esta revelación casual provocó una cataratas de repercusiones en el mundo artístico ( suponía una cantidad considerable de obras desconocidas) y en las vida privada de Wyeth, ya que su esposa, tras 46 años de matrimonio tenía razones para sospechar de una relación entre su marido y Helga, a la que había visitado con frecuencia durante los últimos 14 años.

Betsy Wyeth era además de la esposa del pintor, la administradora comercial de las pinturas de su media naranja, ella sabía entonces que tres de esos cuadros habían sido vendidos a coleccionistas, y que dos de las obras las conservaba ella. Ya uqe las había recibido como regalo.

En septiembre de 1985 la entrevista se hace pública y la información se reveló para los casi 100 mil lectores de Art & Antiques, aunque inicialmente el punto no causó mayor sensación, hasta que la compra de la colección por un millonario texano, a cambio de una cantidad desconocida, pero multimillonaria en dolares, se apropió de todas las obras y sus derechos, con los que pensaba recaudar grandes ingresos.

La operación comercial provocó lo que en ese momento en el mundo artístico eran reacciones desacostumbradas, al punto que el 18 de agosto de 1986 la revista Time dedica 4 páginas de texto y 5 obras de la curiosa colección Helga.

En el interior de la revista aparece una foto de un millonario texano sonriente, parado al lado de uno de sus cuadros, declarando que tenía la intención de recuperar su inversión haciendo posters y almanaques con las imágenes de la colección.

La imagen de Helda sólo se ve en los cuadros, la revita intentó conseguir una entrevista con ella, y ante el fracaso, hizo posar al millonario con un cuadro de 1972.

Consultada por los planes del millonario Betsy Wyeth contestó “Confio que no”, ella pretendía otro destino menos vulgar para la obra de su marido.

Tras la nota de Time vinieron publicaciones en el semanario Newsweek y en el prestigioso New York Times, por esos días, la National Gallery de Washington anunció que con ese curioso material se haría una exposición en mayo de 1987. A esta altura se sumaban los elogios de Connoisseur o el Museo de Bellas Artes de Boston  sumaban elogios al artista y su obra, a la que no dudaron en proclamar como única en la historia.

Los elogios, las notas, la repercusión y el dinero a esta altura, daban legitimad artística a lo que parecía ser una historia oscura de cuernos.

Meses después. la revista Time vuelve sobre el tema de la colección Helga, fue en su edición del 1 de junio de 1987, donde el crítico de arte Robert Hughes examinó para la publicación la exposición realizada en  National Gallery de Washington donde fueron expuestas 125 obras seleccionadas entre las 240 originales. Había de todo, dibujos en lapiz, acuarela, témperas, y había también… 250.000 ejemplares de un catálogo que donde se podía leer “un cojunto de fascinantes documentos en la odisea del logro artístico americano” 

La exposición terminó en septiembre, después tocó puntos como Boston, Houston, Los Angeles, Detroit y San Francisco, durante dos años recorrió el país recaudando y vendiendo catálogos. El éxito comercial era indiscutible.

En el medio de este éxito comenzaron las filtraciones, la primera fue que Betsy Wyeth siempre supo de la existencia de la colección, más tarde se conoció que el pintor y Helga nunca tuvieron una relación, y lo más duro… el millonario había acordado con la familia Wyeth y con la revista Art & Antiques toda la maniobra, el genial y casual descubrimiento era una farsa. Todas las partes sabían desde hacía mucho tiempo que la idea era vender posters y almanaques.

El crítico contratado por la revista Times para analizar la obra, definió a Wyeth como “Ilustrador apto para tarjetas postales“, terminando su nota así: “Esta muestra es demasiada abundancia de algo mediocre, y su público siempre dócil ha sido llevado por la nariz hacia ella” 

Pero el sueño americano… ya se había concretado a esta altura.

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