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La idea que sólo una mujer puede subir con 3 chicos al colectivo (uno en brazos) más dos bolsos, un coche para bebes y pagar los boletos mientras controla que sus hijos estén seguros ronda mi cabeza hace 25 años. Ayer lo comprobé.

La empresa era simple, traían a mi hija hasta mi oficina y yo sólo tenía la obligación de viajar con ella  15 minutos en tren, no más. Para esta difícil tarea las mujeres de la familia programaron hasta el más mínimo detalle, entonces me dejaron la nena limpia, comida y casi dormida. Nada podía fallar.

Y ahí fuimos mi hija y yo hasta la estación del Tren de la Costa en Olivos que nos dejaría 12 minutos después en San Isidro, a dos cuadras de casa.

La primera sorpresa fue encontrarme con la estación de tren cerrada por huelga ( nunca avisan nada estos hijos de puta que dicen defender sus derechos mientras se cagan en los del resto) y entonces pensé: “Me voy en colectivo”… y comencé a caminar por las calles de Olivos hacia avenida libertador, la tarde estaba fresca y los árboles realmente hacen el paisaje más hermoso.

El primer contratiempo lo encontré con esta moda de municipios ricos de dejar los autos y las 4 x 4 sobre la vereda, no hay forma de pasar caminando con un carro de bebe, con una sillas de ruedas y en algunos casos, sin tener el equilibrio bien afinado. Aburrido de no lograr pasar por ningún lado ( y las calles son empedradas) a un vecino le toqué el timbre y amablemente le dije que su auto ahí, era una falta de respeto para los peatones. No me pidió disculpas, sólo me insultó y cerró la puerta.

Llegando a la Estación Olivos de la línea mitre, el estado de las veredas todas rotas y la falta de cruces en condiciones directamente me obligaron a ir caminando por la calle. A la mierda la seguridad vial.

Llego a la parada del colectivo y a esta altura la nena lloraba, escupía el chupete, pateaba,  el calor era insoportable, en este momento comencé a sospechar que mi idea no era tan brillante como me parecía. Pero nada iba a detenerme, este viaje es corto y yo soy un hombre capaz.

Cuando llegó el 168 me encontré con una pequeña sorpresa: Para subir tenía que sortear tres escalones muy altos que, con el carrito, el bolso, la silla del auto y la beba se presentaban  como una misión imposible:

 

Mi primera reacción fue de resignación, “dejá… espero otro” le dije al colectivero que sin mover el culo de su asiento me dice, “tranquilo”, yo te espero vos subí.

En la foto pueden ver los escalones desde arriba, por suerte en el colectivo había 7 pasajeros… 6 hombres y una mujer. Y si no fuera por la mujer que se levantó para venir a ayudarme no lo hubiera conseguido.

El 7º hombre ( el colectivero) me miraba con cara de “tranquilo, yo te espero”, la actitud de la chica consiguió que uno de los “hombres” se levantara y entre los dos lográramos subir mi bagaje para comenzar el viaje.

Pero esto era el comienzo…

Ahora me quedaba con el carro, la beba, la silla del auto, los dos bolsos sacar mi super mega hiper tarjeta SUBE de mi billetera par pagar el boleto. Claro, es fácil cuando uno lo lee… pero hacer esto en un colectivo andando no es tarea sencilla. Por un momento pensé que se me partía la columna con tanto movimiento rebuscado tratando de conseguir mi objetivo.

“Muevo el carro para adelante” pensé…. y ahí fue cuando me quise pasar por el espacio que hay para ir a la parte de atrás del colectivo.

A esta altura creía que nada podía salir peor, pero acostumbrado a equivocarme como estoy, por las dudas no me confío.

Y fue ahí cuando el cochecito se me trabó con la estructura que ven cerca del piso a los lados del pasillo, y no la podía destrabar, y movía el coche… y movía la nena, y volvía a mover el coche para volver a sacudir la nena… y nada.

A esta altura los gritos de mi hija creo se escuchaban desde mi casa, por suerte una vez más la chica se levantó de su asiento y entre los dos, después de un rato logramos destrabar el problema.

Los 6 hombres mirando… y el colectivero que no paraba de decir “tranquilo… tranquilo” lo que para mi humor en un día normal, es una invitación al asesinato, imaginen en un día como el de ayer.

Yo vivo cerca de la terminal del 168, tarde, pero a tiempo… me fui dando cuenta que me faltaba bajar del colectivo, y que a esa altura del recorrido no iba a haber nadie para ayudarme, quedaban todavía cuatro hombres y el colectivero, pero la chica se había bajado a la altura de Acassuso… ya no tenía nadie humano a mi lado.

Así que no tuve más opción que comenzar a llamar parientes para que me esperaran en la parada del colectivo para poder cumplir mi misión de trasladar a mi hija de Olivos a San Isidro. Por suerte logré conseguir que mi esposa llegara a tiempo.

Todo esto pasó entre las 7 y las 8 de la noche… más o menos, la nena la logramos dormir cerca de las 10 de la noche tras meterle dos pastillas para los nervios, 3 Whiskys y una inyección par estabilizarle los nervios después de las sacudidas.

Indudablemente, el oficio de ser mamá… no es para cualquiera.

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2 pensamientos en “El oficio de ser mamá…

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